Diferencia como elemento de valor

Debo reconocer que antes iniciar mi andadura en el mundo de la psicopedagogía, me costaba mucho entender qué podía tener de bueno una discapacidad, qué podía aportar una aparente desgracia, por ejemplo, en un aula de primaria. Puesto que no me quedaba otra opción, decidí investigar sobre el tema: recopilé escritos, ojeé libros, leí testimonios de familiares de personas discapacitadas, encontré fábulas y cuentos… Dentro de mí, sabía que una discapacidad no tenía por qué ser una desgracia, pero realmente no sabía argumentar esta intuición, solo poseía argumentos (influenciados por mi entorno) que me mostraban lo contrario.

Pero después de tanta búsqueda conseguí abrir mi mente y romper las barreras que todos estos años me habían ocultado todo lo positivo que puede haber detrás de una discapacidad. Situándome en la perspectiva del contexto familiar, es muy fácil entender a aquellos padres a los que se les viene el mundo encima cuando conocen que su hijo vendrá al mundo con alguna discapacidad. Es totalmente lógico sentirse desgraciado ante una situación así pero, desde mi punto de vista, se puede trabajar para que este sentimiento sea solo la primera etapa hacia una visión más positiva y optimista.

Sé que resulta muy fácil escribir estas palabras desde fuera, sin pasar por la experiencia de la que hablo, pero creo firmemente que con reposo esta situación puede convertirse en un proceso de crecimiento personal, de madurez. Aunque difícil, es posible apreciar la belleza que una discapacidad puede aportar a nuestras vidas, ya que puede llenarlas de humildad, de sonrisas, de cariño. Vivir de cerca una discapacidad puede conseguir que restablezcamos nuestras prioridades en base a criterios llenos de cordura y amor, puede alejarnos del materialismo, de la superficialidad, del querer más, de lo banal, puede acercarnos a ser mejores personas, a valorar las cosas verdaderamente importantes de la vida y a darnos cuenta de aquellas que no lo son. Entrar en el mundo de la discapacidad significa ser más tolerante con lo diferente, supone aceptar lo que anteriormente no se entendía. Gracias a compartir experiencias con personas diferentes podemos aprender a ser solidarios, a dejar de pensar en nuestro propio beneficio para dedicarnos a los demás.

Si somos capaces de transmitir esto a los más jóvenes, podemos convertir la diferencia o la discapacidad en una oportunidad para crear nuevas formas de aprendizaje, una oportunidad para despertar en los niños una visión alejada de prejuicios y estereotipos; es una nueva vía para inculcar valores de respeto y tolerancia no solo ante la discapacidad, sino hacia las personas y el mundo en general; se trata, pues, de una extraordinaria ocasión para lograr formar personas llenas de valores que, por desgracia, están faltos en la sociedad de nuestros días.

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