LOMCE ¿Avance o retroceso?

Ante el inminente rumbo que el sistema educativo español va a tomar, encuentro necesario analizar los aspectos más destacados de la nueva Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), con la cual se ha creado bastante incertidumbre, entre gran parte de la comunidad educativa, en el terreno de la inclusión educativa (entre otros muchos aspectos).

Existe el convencimiento de que esta nueva ley, más que mejorar la educación, traerá consigo un considerable retroceso en lo que a igualdad, equidad y respeto a las diferencias individuales se refiere. Y es que el gobierno actual pretende poner en práctica una serie de medidas, sin el consenso ni el debate de la comunidad educativa,  con la que acentuar aún más las diferencias y cribar a aquellos alumnos con menos posibilidades, lo cual difiere en gran medida de los principios de la educación para la diversidad y la inclusión educativa.

Es fácil ilustrar esto solo con extraer las ideas principales de la exposición de motivos de esta ley educativa. A continuación se presenta un cuadro comparativo donde puede observarse el considerable cambio de intenciones y principios entre la anterior ley educativa y la LOMCE (esto no significa que la LOE sea la ley ideal, solo pretendo poner de manifiesto el considerable cambio de rumbo).

 

Exposición de motivos LOE

  Exposición de motivos LOMCE

-Bienestar individual

-Construir personalidad

-Desarrollar capacidades

-Formar identidad personal

-Dimensión cognoscitiva, afectiva y       axiológica.  

-Trasmisión de valores.

-Convivencia democrática.

-Respeto a las diferencias individuales.

-Ciudadanía democrática.

  -Promueve la competitividad económica.

  -Puesto de trabajo y de alta cualificación.

  -Crecimiento económico.

 -Ventajas competitivas de mercado.

 

Además, la LOMCE dicta, para la etapa de Educación Secundaria Obligatoria, que se componga de dos ciclos, uno de tres años académicos y, otro, de carácter propedéutico de un año. En el tercer curso de la etapa, el alumno tendrá que elegir una rama que lo derive al primer ciclo de Formación Profesional o, por otra, que lo conduzca a Bachillerato. Se trata de un camino sin retorno que obliga al alumno a tomar una decisión de la que puede depender el resto de vida académica, dejándolo sin opciones de dar marcha atrás, si así lo creyera oportuno. En lo que a materias se refiere, la plástica pasa a ser materia opcional, la tecnología deja de ser troncal para considerarse como asignatura de modalidad y las matemáticas variarán según el itinerario elegido, pudiéndose entrever la prioridad dada a asignaturas instrumentales en detrimento de otras de carácter humanístico, como ocurren en el caso de la formación ética y ciudadana, favoreciendo un modelo de estudiante que no cuestione demasiado el mundo que le rodea.

El Programa de mejora del aprendizaje y el rendimiento en el primer ciclo sustituye al Programa de diversificación curricular de la LOE, pudiendo pasar por él, aquellos alumnos que cursen el segundo curso de ESO y no los de tercero y cuarto, como viene siendo hasta ahora, creándose, posiblemente, una nueva vía para la segregación. En cuanto a la promoción del alumno, se mantienen los mismos criterios, pero a la hora de evaluar, el cambio es drástico al establecerse una reválida que, en caso de superarse, dará derecho a la obtención de un título que certifique haber superado la modalidad elegida, por lo que existirán distintas titulaciones dentro de la propia ESO. De nuevo, se intenta clasificar al alumnado con una prueba, realizada por agentes externos al centro donde estudia el alumno, que no contempla el progreso de éste durante los cuatro años de la etapa o las circunstancias personales que lo rodean y puedan condicionar su formación.

 

La nueva ley recoge claramente el propósito de hacer llegar la educación a todos los estratos de la población por igual. Según el modelo teórico de educación pública actual, la educación debe llegar por igual a todas las familias aunque, creo, esto solo se cumple en aquellas cuyas principales características  giran en torno a la media, a la mayoría o a lo normal. La realidad demuestra cómo los más desfavorecidos, tanto en el sentido socioeconómico como en el físico y mental, se encuentran en situación de desventaja. Minorías étnicas, pobreza o discapacidades, a pesar de los nuevos propósitos, siguen siendo un pesado lastre y otorgan carácter de utópico a la idea de una educación igual para todos.

Ciertamente es pronto para hacer valoraciones referentes a la efectividad de las reformas, aunque sí creo que se posee la suficiente información como para señalar la intención mercantilista de los cambios planteados en esta ley, ya que esta se preocupa más por los intereses económicos que por los educativos. Se configura así, una Educación que atiende las necesidades de las grandes empresas que dominan la economía europea. Una Educación de mercado donde los conocimientos humanísticos quedan relegados a un segundo plano. Se conforma, por tanto, un modelo  basado en la economía, donde tanto profesores como alumnos deberán adaptarse para cumplir con las directrices que, una vez más, nos imponen desde arriba, enfocadas a crear maquinas que produzcan mucho y piensen lo justo. 

 

Es evidente la situación de alarma e incertidumbre que todas estas medidas traen consigo, pues se pretende establecer cambios importantes que nos hacen dudar seriamente sobre la presunta mejora de la calidad de la enseñanza, pues, más bien, se están dando pasos hacia atrás con grave perjuicio no solo de las nuevas generaciones, sino de la totalidad de la sociedad. También, hay que decir que la LOMCE no recoge medidas que ampare al alumnado con discapacidad, pues se mantiene toda lo relativo a diversidad funcional promulgado en la anterior ley educativa, sin embargo, el resto de medidas que promueve parecen más propias de una carrera de obstáculos pues dificultan el paso por el sistema educativo de todo aquel que no reúne una serie de características en torno a la media poblacional. Con esta ley se aumentarán aún más las diferencias, realizando reválidas o haciendo que los alumnos tomen decisiones sobre su futuro de forma precipitada, sin ofrecerles la posibilidad de reengancharse al sistema educativo tras haber tomado una decisión totalmente condicionada por las características propias de la adolescencia, las cuales no ofrecen la madurez necesaria como para tomar decisiones de tal magnitud.

Sin duda, nuestra sociedad navega por cauces que provocan el nacimiento de nuevas necesidades y, como consecuencia, la obligación de encontrar soluciones que las cubran. Quizás sea época de redefinir y consensuar qué es bueno y malo para nuestros alumnos, qué valores, normas y actitudes pueden crear una sociedad mejor y, por supuesto, qué se entiende por una sociedad mejor. Parece que el sentido de la educación y el de la legislación educativa viajan por caminos distintos, a veces contradictorios, según quien los mire. Creo que es hora de aunar criterios, establecer verdaderos valores éticos y morales, que satisfagan libertedaes y derechos de todos y no las de la ideología política de turno.

La necesidad de redefinir y adaptar a los tiempos que corren valores referentes a una sociedad multicultural, como la nuestra, debería ser prioritaria para aquellos legisladores educativos que, frecuentemente, caen en tendencias mercantilistas y adoctrinantes que, nuevamente, conduciéndonos por caminos equivocados. Aunque, desgraciadamente, cada vez más a menudo, los buenos propósitos cuestan más llevarse a la práctica, siempre quedarán algunos procedentes de buenos maestros, verdaderamente implicados en su labor docente, desde mi punto de vista, la única capaz de salvar esta situación que nos rodea.

Nuevos roles del docente del siglo XXI

Si nos paramos a pensar en los métodos tradicionales de enseñanza del, quizás se venga a nuestras mentes la típica imagen, en blanco y negro, del maestro azotando con su regla al alumno que no era capaz de recitar la lección que debió aprender en casa. Aquel modelo imperante intentaba satisfacer las necesidades de las sociedades industriales del siglo XIX, dando prioridad a asignaturas como la lengua o las matemáticas y estableciendo un clima de disciplina bajo el cual era imposible cuestionarse la realidad y los conocimientos que, de manera repetitiva y memorística, allí se aprendía. Estudiar se basaba en acumular ideas aisladas y difícilmente conectables con la vida real. Y es que el maestro era el dueño absoluto del conocimiento, el cual hacía llegar de manera directa, sin dar la oportunidad al alumno de investigar y descubrirlo por sí mismo, convirtiéndolo en un mero receptor de mensajes a los que difícilmente podía dar sentido. Pero desgraciadamente, muchos aspectos negativos de aquel modelo gris están todavía presentes en planes educativos y currículos oficiales, en idearios de colegios e incluso en la manera de actuar de muchos docentes.

 

 

Sir Ken Robinson, escritor y experto en educación y en creatividad, afirma que las escuelas matan la creatividad al coartar desde edades muy tempranas la espontaneidad del niño, al castigar sus errores o cualquier actitud que se salga del camino considerado como correcto. Robinson cree que todos poseemos un gran talento que poco a poco vamos perdiendo a medida que avanza nuestro bagaje educativo, pues muchos sistemas desechan las habilidades de los niños y niñas para formar seres con aptitudes en serie, que produzcan y no piensen demasiado.


Con estas palabras, intento poner de manifiesto la necesidad de que los profesionales de la educación se conciencien de la importancia de adquirir nuevos roles, de fomentar un clima constructivista donde el alumno recupere la curiosidad por el mundo que lo rodea, las ganas de conocerlo e interpretar toda clase de estímulos ambientales, los cuales, bajo una educación tradicional quedarían totalmente adulterados. El paso de un estilo de enseñanza autocrático y tradicional a otro democrático donde se fomente la originalidad y la participación crítica no debe confundirse con la implantación de la filosofía laissez-faire, donde los maestros permanecen totalmente al margen de la instrucción, cediendo la plena iniciativa al niño y cayendo, frecuentemente, en problemas de disciplina y bajo rendimiento académico.

 

Es fácil encontrar razones del escaso protagonismo que la creatividad cobra en el proceso instruccional (Castelló, 1993). Y es que las actividades académicas suelen estar basadas en situaciones cerradas, evaluando solamente las respuestas y no los procesos. Además, los contenidos son creados para que el discente los integre en sus estructuras mentales sin la posibilidad de relacionarlos con los conocimientos previos.

 

En multitud de ocasiones, actitudes creativas, como preguntas, sugerencias o comentarios, son mal recibidas por algunos profesores excesivamente preocupados por el orden, llegándose a producir incompatibilidades entre este y los recursos necesarios para el desarrollo de la creatividad. Por esto, autores como Genovard o Sternberg, proponen crear modelos de enseñanza que posean algún tipo de motivación creativa, aplicando técnicas que garanticen la seguridad y libertad psicológica como, por ejemplo, respetando preguntas inusitadas, fantásticas o poco frecuentes de los alumnos, ya que de rechazarlas, estos podrían no volver a atreverse a preguntar más. Por tanto, es necesario crear un ambiente de confianza donde los niños sean conscientes de que sus ideas son útiles, en el cual haya espacios para que los alumnos pongan en juicio y evalúen sus propios actos con el fin de entender las consecuencias y rectificar errores.

 

 

 

 

 

 

 

 

    

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