El Apoyo Conductual Positivo constituye una práctica basada en la evidencia, capaz de prevenir y reducir la frecuencia de conductas desafiantes

en los colegios regulares, y de mejorar el logro académico y el clima social (Sugai y Horner, 2002, citados en González del Yerro et al., 2019).

 

Carr (1998), define el Apoyo Conductual Positivo (ACP) como un enfoque para hacer frente a los problemas de conducta, que  implica remediar condiciones ambientales y/o déficits en habilidades, otorgando un importante papel a la prevención, en lugar de centrarse en la simple corrección de la conducta problemática, otorgando un importante papel a los clientes (padres, profesores, etc.) en la colaboración con los expertos, en lugar de tratarlos como meros ayudantes, como ocurre en otros enfoques. Según Goñi, Martínez y Zardoya (2008), el ACP hace hincapié en la modificación del contexto en el que se da el problema y, más que reducir la conducta problemática del sujeto, pretende conseguir un cambio en su estilo de vida.

 

 

 

 

Según el SIIS (2011), el Apoyo Conductual Positivo se estructura en torno a cuatro fundamentos básicos:

  • Fundamento 1º: Las conductas problemáticas están directamente relacionadas con el contexto en el que se producen.

Las conductas problemáticas suelen estar provocadas por elementos o acontecimientos del entorno del sujeto, es decir, ocurren por alguna razón o causa concreta que las provoca, no debiendo considerarse como un mero síntoma de discapacidad.

 

  • Fundamento 2º: Las conductas problemáticas tienen una función muy concreta para la persona que las presenta.

Estas conductas persiguen un objetivo específico, es decir, tienen una clara utilidad para el sujeto que las presenta. Cabe aclarar que la conducta puede tener una función operativa pero no tiene por qué presentarse de forma consciente e intencionada. El ACP parte de la idea de que el sujeto presenta este tipo de conductas porque no han adquirido la habilidad necesaria para ofrecer respuestas socialmente aceptables que les permitan conseguir los resultados deseados y que les resulten tan útiles como las conductas problemáticas para ese fin.

 

  • Fundamento 3º: Las intervenciones más eficaces se basan en un profundo conocimiento de la persona, de sus contextos sociales y de la función que, en dichos contextos, desempeñan sus conductas problemáticas.

Una vez determinadas las influencias ambientales y una vez conocida la función que desempeña la conducta problemática, el objetivo es triple:

            - Modificar las variables.

            - Enseñar conductas alternativas.

            - Motivar para que utilice las habilidades alternativas.

 

  • Fundamento 4º: El Apoyo Conductual Positivo debe basarse en valores respetuosos de la dignidad de la persona, de sus preferencias y de sus metas individuales.

En este sentido, Canal  y Martín (2007) hacen mención a las siguientes características del ACP:

  • Está basado en la evaluación funcional, vinculando variables ambientales con las hipótesis relativas a la función de la conducta problemática.
  • Es global e incluye intervenciones múltiples.
  • Trata de enseñar habilidades alternativas y de adaptar el ambiente.
  • Refleja los valores de la persona, respeta su dignidad y sus preferencias, y trata de mejorar su estilo de vida.
  • Se diseña para ser aplicado en contextos de la vida diaria, haciendo uso de los recursos disponibles y basándose en una visión compartida del problema
  • Mide el éxito de los programas por el incremento en la frecuencia de la conducta alternativa, el descenso de frecuencia de la conducta problemática y por mejoras en la calidad de vida de la persona.

 

 Fundamentos básicos de la conducta

 

En ocasiones, se suele prestar más atención a la conducta disruptiva del sujeto, centrando los esfuerzos en solucionarla rápidamente, más que en identificar las razones que las provocan. Según el Centro de Documentación sobre Servicios Sociales y Política Social (2011), pueden diferenciarse una serie de fundamentos básicos con relación al origen de las conductas:

  • Fundamento 1º: La conducta tiene una función y finalidad específica.
    • Cuando la finalidad es obtener algo:
      • La atención de otra persona.
      • Algo concreto o tangible.
      • Estimulación sensorial.
    • Huir o escapar de algo. Por ejemplo, un sujeto presenta una conducta determinada a fin de dejar de realizar una tarea que no le gusta.

 

  • Fundamento 2º. La conducta problemática es una forma de comunicar.

Esto se debe a que el sujeto no ha aprendido formas adecuadas para expresar sus necesidades, de tal forma que su única forma para expresarlas es presentar la conducta problemática.

 

  • Fundamento 3º. La conducta está relacionada con el entorno.

En ocasiones, una persona puede aprender a utilizar una determinada conducta para ejercer algún tipo de control sobre situaciones concretas. También, ciertas variables, como el estado de salud o el grado de cansancio, pueden influir en la conducta del sujeto.

 

  • Fundamento 4º. Una conducta puede tener múltiples funciones.

Un sujeto puede aprender que una misma conducta puede tener diferentes consecuencias según el contexto en el que se presente. Por ejemplo, ante la conducta de pegar, una persona puede experimentar el descanso de una tarea o recibir atención, dependiendo de dónde y cuándo lo haga.

 

 

 REFERENCIAS

 

Canal, R y Martín Cilleros, M.V. (2007). Apoyo Conductual Positivo, Manuales de Trabajo en Centros de Atención a Personas con Discapaciadad de la Junta de Castilla y León. Ed: Consejería de Sanidad y Bienestar Social, Junta de Castilla y León.

 

Carr, Edward G. (1998). El apoyo conductual positivo: filosofía, métodos y resultados. FEAPS. Siglo Cero

 

Centro de Documentación y Estudios SIIS Dokumentazio eta Ikerketa Zentroa Fundación Eguía-Careaga Fundazioa (2011). Buenas prácticas en la atención a personas con discapacidad. Vivir Mejor. Evaluación Funcional de Conductas Problemáticas. Diputación foral de Álava.

 

Forteza Bauzá, S., Ferretjans Moranta, V., Cebrian Tunbridge, A., Font Jaime, T., Vicent Primo, J.E.,  Salva Obrador, M.R. (2014). Reflexiones sobre el apoyo conductual postivo. Ediciones Universidad de Salamanca Siglo Cero, 46,  254.

 

González del Yerro, A., Escribano Burgos, L., de Antonio Pérez, M., Sánchez Rodríguez, A., Ruiz Leal, P., Arellano Lozano, M. (2019). El plan de apoyo conductual positivo en el primer ciclo de Educación Infantil. Revista española de discapacidad.7, 1, 67-68

 

Goñi, M.J, Martínez, N y Zardoya, A. (2008). “Apoyo conductual positivo. Algunas herramientas para afrontar las conductas difíciles” Revista Española sobre Discapacidad Intelectual, vol 39 (1), n. 225.

 

 

 

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